En un instante, la esperanza se derrumba y el invierno naufraga en nuestros corazones. Dejamos de revelar amor a través de miradas furtivas, de sutiles caricias, de deseos casi incontrolables; evitamos los abrazos y cada vez mandamos más besos con destino a un cielo impasible e inquebrantable.
Dejamos de ver a personas que solo veíamos en contadas ocasiones y comenzamos a llevar más flores al cementerio, incluso a tumbas que, supuestamente, están vacías; a fosas comunes que crecieron durante años junto a paredones.
Caemos rendidos de estar frente a fotografías enmarcadas tras un cristal y afloran incansablemente nuestras lágrimas; y nos entristecemos al pensar más en las despedidas, cuando llega el momento de alguna reunión familiar y somos menos a la mesa.
Los poemas destilan canciones que arrastran recuerdos. La vida es más dura de lo que nos cuentan y nos cuesta asimilarlo…
Requiem Aeternam es un canto a la vida, incluso cuando habla de la muerte. Es un homenaje a quienes han luchado, a quienes siguen luchando y a quienes han encontrado, por fin, ese lugar donde el dolor no existe.
Miguel Granda Cué, ovetense de 48 años, es escritor, letrista y apasionado del cine de terror. Su vida ha estado siempre marcada por la escritura, un terreno en el que comenzó de forma autodidacta y que, con el tiempo, se convirtió en una vocación constante. Estudió Maestría industrial por la rama de electricidad y electrónica.
Desde 1999, Miguel ha desarrollado una humilde y modesta carrera como letrista musical, con 76 letras compuestas para grupos de pop, rock y metal. Su trabajo abarca temáticas tan diversas como la pérdida, el bullyng, la infancia marcada por la guerra, el autismo, el cáncer, adicciones, ludopatías y, cómo no, el amor. Algunas de sus composiciones han cruzado fronteras, llegando a América, y han sido traducidas al inglés y al euskera.
Con una humilde carrera que suma ya más de 26 años en la escritura lírica y poética, se define a sí mismo como alguien que convirtió un hobby en una pasión duradera.