Misterio literario: El Beso del Ángel

Muralla del Revellín

“Fue un once de junio en el reparto del pez, el acto más emblemático de las fiestas de San Bernabé. Como cada año, los miembros de la Cofradía del Pez se habían juntado para conmemorar el fin del asedio francés. Y lo hacían repartiendo entre la población miles de raciones de: peces del río, pan y vino. Mi padre había sido invitado para colaborar en ese acto multitudinario, y como en seguida se apuntaba a todo lo que tuviera que ver con la gastronomía de la tierra, acudió a primera hora de la mañana a freír los alevines en buen aceite junto a los restos del Revellín, la única puerta de la antigua muralla que se conserva en pie.
A eso de las doce, un poco cansado de darle a la espumadera, se colocó en una de las mesas para ayudar a repartir las jarritas de cerámica en las que se dispensaba el tinto. Las colas de logroñeses serpenteaban cientos de metros y no tenía tiempo material para fijarse en sus rostros, ni mucho menos para intercambiar una sola palabra más allá de un «felices fiestas»… hasta que mi madre acercó su mano”.

Muro del Revellín _ Logroño